viernes, 10 de julio de 2020

Arruinadores seriales

Volvía de la casa de un amigo en Temperley, luego de ver la final de la copa del mundo entre España y Holanda. Era una hermosa tarde noche de domingo, el sol se retiraba lentamente y daba paso a unas incipientes nubes negras, de a poco el cielo garuaba la ciudad. Cruzaba el bajo nivel que divide Banfield y Escalada, estaba disfrutando este precioso momento, me sentía pleno. Todo era fantástico, pero ¿Por qué los remiseros son tan pesimistas?


viernes, 3 de julio de 2020

Éric Cantona

Hace 25 años, vi por primera vez al genio de Éric Cantona. Me lo presentaron mis hermanos mayores, gracias a un programa deportivo de fin de semana, muy popular por entonces, dedicado al fútbol europeo. Recuerdo particularmente a este rey del balón-pie, porque ante un insulto racista desde la tribuna, inventó una patada fantástica que le partió la cara al hincha del Crystal Palace Football Club. El londinense, no aprendió nada con la patada del maestro y usó la fama adquirida para dedicarse a apoyar partidos nacionalistas de derecha. También fue denunciado por acciones racistas muy violentas varias veces, hasta nuestros días.

Claramente en contra de los fascistas ingleses, como buen argentino. Claramente en contra de los hinchas racistas, como buen negro, y claramente a favor de Cantona, como buen amante del fútbol.



Probemos aquella fórmula donde los ingleses son personas educadas, y los franceses personas cultas. Según cuentan algunos, por estos pagos del sur del mundo, mientras que en nuestras canchas se grita:

¡Perro de mierda, la puta que te pario, tenés dos pies izquierdos, anda a cagar!

En Europa se expresa:

¡9, sos una persona sin dotes,  seguro por culpa de la mujer lasciva que te engendró, sos falto de habilidad y destreza para la ejecución del juego, te invito a visitar un lugar incierto!

Mientras por acá se escucha 100 veces por partido:

¡Jueeez, sorete mal cagado, sinvergüenza, hijo de re-mil-putas, cagador, ciego de mierda, de esta cancha no salís!

Por allí, algún aficionado, le comenta a su compañero:

Este colegiado es un ser sumamente despreciable, falto de moral, es una persona muy mala. No logró observar la jugada, ojalá nunca olvide su error esta noche.

Por suerte existe Éric Cantona, para recordarnos que enojarse es un formidable acto humano, en el culo del mundo, y en el orificio al final del conducto digestivo del planeta.


sábado, 27 de junio de 2020

El tiempo y el espacio

El tiempo es relativo al espacio. Por eso tengo poco más de 3 décadas en mi documento de identidad, tengo 3 años en los brazos de mi madre, tengo 150 en los ojos de mi perro, tengo 10 años en una cancha de fútbol, tengo 15 años en las casas de mis amigos, tengo 1000 años en la mente de mi ahijado, tengo 5 años en el corazón de mi hermano.

En Mercurio tengo 128 años, en Venus 50 años, y en Plutón 1 mes y medio.



jueves, 25 de junio de 2020

Instrucciones para cruzar Malabia y Alsina

El mayor artista callejero de la historia de la humanidad es el que diseño aquel tropel de semáforos. Ninguna canción de peatonal, ningún malabar de esquina, ningún grafiti, ningún mural, se compara con aquellos magníficos semáforos. Si por casualidad pasa por ahí. Tómese unos minutos y siéntese a observar a aquellos valientes que desafían la vida en esa esquina. Esos héroes nos inspiran día a día.

 

La primera opción para cruzar, y la más elegida por los caminantes es, encomendar la vida a los dioses, apretar los dientes y correr entre los autos.

ATENCIÓN: Los riesgos son claros, seguro que lo maldicen, y puede ser que aprenda a volar antes de llegar a la siguiente vereda.

 

La segunda opción, es la espera. En ese caso se debe ensayar una mirada penetrante y una cara de angustia, con esto, solo falta hacer contacto visual con los automovilistas para que alguno se conmueva y ceda el paso.

ATENCIÓN: Esta opción de cruce tiene un promedio de espera de 20 minutos, y suelen acumularse en ese tiempo, entre 15 y 30 personas, según el horario, que al igual que usted, intentarán tocar el corazón de los conductores.

 

La tercera opción es tomar de la mano a una anciana y caminar con seguridad, alzando la mano como señal a los automovilistas.

ATENCIÓN: Quizás lo pisen, o quizás encuentre algún alma generosa que le permita cruzar. Por las dudas que la anciana este del lado del tráfico, así, por lo menos, amortiza el golpe.










viernes, 19 de junio de 2020

Bostezo

Sale del portal del edificio y se suma al mar de personas que transitan la ciudad. Después de poner el primer pie en la vereda bosteza, y cuando da algunos pasos en dirección a la parada del colectivo, ve en la cuadra de enfrente a una mujer, mas o menos de su edad. Ella camina en dirección contraria, lleva un sobretodo rojo, un poco mal acomodado en el cuello, bosteza, no sabe muy bien porque, pero supone que es porque todavía tiene sueño. Diez metros enfrente de ella, caminando para el otro lado un hombre joven, alto, musculoso y moreno, bosteza luego de ver a la mujer, se tapa la boca, pero el bostezo sale igual. Dos trabajadores de la empresa de energía, que trabajan en un pozo sobre la calle apenas asomando la cabeza a la altura del asfalto, bostezan casi al mismo tiempo, el conductor de un colectivo los ve, y será recién en la esquina donde ya pensando en otra cosa, bostece mientras da vuelta a la izquierda. Una señora que pasea a su perro, bosteza también, no se da cuenta que ha visto al colectivero, tampoco se lo cuestiona, solo bosteza y sigue caminando con el perro.

 

Yo, mientras escribo esto, bostezo, y pienso que leer tanta gente bostezando me hace bostezar. Supongo que lo hacemos entre todos, para compartir el peso del alma un poco.


viernes, 12 de junio de 2020

El abuelo Román

«Nada se sabe, todo se imagina. Somos cuentos contando cuentos, nada.» RICARDO REIS (heterónimo de FERNANDO PESSOA)

Al pibe de 11 años, fanático del fútbol, no le importaba nada, ni la escuela, ni la tarea, ni siquiera las leches chocolatadas de la merienda. Solo fútbol, fútbol y fútbol. Todas las tardes bajo el poderoso sol pampeano jugar un partidito con los amigos, y el domingo, obviamente, el domingo. Pegado a la radio, la voz de Horacio Martínez lo hacía viajar. Imaginaba a ese paraguayo de oro que le describía Horacio, volando con la pelota entre la gente. Una sombra roja que se desvanecía, inagarrable.

Román todavía no lo sabía, pero esa tarde de domingo iba a ser especial. Él pensaba que el loco iba a meter de dos o tres goles, como siempre. La temporada pasada había hecho 47, ahora iba por los 43 y faltaban un par de fechas. La expectativa era enorme.

La radio a tope de volumen inundaba la casa de fútbol, segundos antes que comience el partido

- El mago seguro se supera, para mí llega a los 50 querido comentarista, arranquemos con el escolazo, dígame usted que piensa-

-Seguro que si mi querido Horacio, para el duende rojo no hay imposibles, partido a partido se supera-

Al mismo tiempo que el referee levantaba la mano para dar comienzo al juego, el relator tomaba aire, y en vez de un suspiro, comenzó con una velocidad fenomenal

-Arranca por la derecha, amaga al centro y se escapa por afuera, que bien está esta tarde el turco, lo ve al negro Ramírez por el centro, se la acomoda, en un pase bárbaro, para que este se perfile para el centro, no le sale nadie, muy estáticos están, ¡Así se van a comer diez! ¡Vamos muchachos despierte!  El negro tiro una profunda, lo vio a el genio de Mistergol, ¡mira como la paro! No puedo creer lo que veo. ¡Engancha para el punto del penal, se perfiló, lo tiene está!, volvió a enganchar, ¿Qué hace? ¡Genio! El arquero no se para, lo tieneeee. ¡Para! ¿Qué paso? La toca para el costado, llega rodrigueeeeez…. Goolll-

El relator, apenas lo gritó, Román ni siquiera pronunció palabra, en la cancha se escuchaba un murmullo de fondo, nadie lo había cantado como de costumbre, algo había pasado.

Después de unos segundos, el comentarista explicó con mayor detalle.

-El aviador no la metió. Podía haber marcado el 44, pero no quiso, esperó y la paso-

Román pensó que era una de esas genialidades que se le ocurrían solo a él. Se sonrió en la soledad del comedor de su casa, miró a los costados como buscando cómplices, pero no estaban ni sus tres perros, un momento mágico, inexplicable, que debía guardar en su memoria, porque no podía compartirlo con nadie, por lo menos, eso pensó en aquel momento.

Promediando la mitad del primer tiempo, Horacio volvió a la carga

-Que estáticos están, ya se sienten perdidos, que fácil la tiene el rojo hoy, están para manyarse 10 goles más. Ojo con Buscaglia que se escapa por la derecha si lo tira lo espera el hombre de mimbre por el centro, llega al fondo, lo tira, el mago la frena con el pecho, la bajó, ¡Pegale genio!, está solo, ¿Qué hace? ¡Otra vez! Espera, le pasa por la izquierda Gómez, la tocó, ¡Gómez Goolll! -

-No lo puedo creer, otra vez hizo lo mismo, ya podría tener su marca personal a dos goles de su récord, pero decide otra vez ceder la pelota-

Román no lo podía creer, no lo entendía, ¿Cómo puede ser? ¿Le pasará algo? ¿Es una broma? Se preguntaba y repreguntaba, pero no encontraba respuesta. Este tipo definitivamente está loco se dijo. No escucho el resto del partido, no se aguantó, salió a la calle para despejarse. Camino dos cuadras y pensó en Alfonso, capas él estaba escuchando el partido también, fue a buscarlo bajo el sol inclemente de la tarde. Alfonso y Román eran los únicos dos del pueblo que, en vez de dormir, se pegaban a la radio para saber de boca de Horacio, que locura haría ese domingo el saltarín rojo.

Alfonso estaba sentado en la vereda, lo vio venir a lo lejos a Román y salió a buscarlo

- ¿Estabas escuchando? - Le dijo a modo de saludo

-No entiendo que le pasa, ¿Qué hace? -

-No sé, dejé de escuchar, no entiendo si el tipo se vendió o que le pasa. Capas se siente mal, no se-

Román le dijo sin dudarlo, -vamos a verlo, vamos para allá-

- ¿Vos estás loco?, ¿Hasta allá? ¿Cómo mierda hacemos eso? -

-El tren, hoy pasa a las 6, vamos para allá, nos colamos en el vagón de arena, vamos a verlo, mira si se siente mal, si esto se pone peor y no llega al domingo que viene, vamos. Algo le pasa Alfonso, y yo lo quiero ver-

Alfonso dudó, miró para abajo y después le dijo

-Bueno dale, voy a buscar abrigo, en una hora nos vemos en la estación-

Román volvió trotando a su casa, estaba emocionado, no pensaba mucho lo que estaba haciendo, solo quería estar seguro que su ídolo estaba bien, que no le pasaba nada, que esto de los goles era una cosa pasajera, que no era que se había vendido. Así que se cumplió la hora, y ahí estaba, en la estación, viendo como llegaba el tren.

Ahí, el tren hacía una parada breve, no cargaba nada, solo cambiaba el maquinista y se revisaban por seguridad los vagones que llevaban piedras hasta el puerto. El tren era largo y solo revisaban dos guardas y un policía. Colarse en un vagón era muy sencillo, el tema era bancarse un viaje entero de tantas horas hasta el puerto. Pero Román no pensaba en esas cosas, solo quería ver a su ídolo.

Los minutos pasaban y Alfonso no llegaba, el tren estaba por arrancar. Román dudo por un momento, pero después se arrojó al vagón, trepó y en dos segundos estaba arriba. Se acomodó y miró para afuera, quería saber si Alfonso venía, pero a esta altura, era claro que no lo iba a acompañar.

El tren arrancó y con el él se fue también la infancia de Román. Avellaneda era un lugar duro por esos años y con apenas 11 años tuvo que caminar la calle un poco, trabajar de peón otro poco, ser acomodador de autos otros poco, un changarin de algún malandra otro poco, nada que no conozca un trabajador del conurbano. Pero todos los domingos iba a ver a su ídolo, todos los domingos gritaba desde la tribuna, ya nadie más le contó cómo eran las cosas, estaba ahí para verlo por el mismo.

Lo cierto es que a Erico no le pasaba nada, solo quería un premio bastante malo que le daba una empresa de cigarrillos que hoy es museo.

Fábrica de cigarrillos "43 auténticos", hoy Museo Moderno

Pero Román ya no se pudo ir del conurbano, y la pampa quedó atrás para siempre. Acá en estos pagos, armó una vida.

16 de Noviembre de  1926 - 15 de junio del 2012



viernes, 5 de junio de 2020

EL FINAL

Más o menos media hora llevaban los dos viejos conversando en un rincón de la sala común. Una conversación pausada pero continua. Juan, sentado a la derecha, era el más verborrágico.

-Ya no se trata de grandes preguntas, como ¿Cuál es el sentido de la vida?, no para nada. Se trata de algo más pequeño, pero aun inmenso, ¿De que sirvió mi vida? ¿Para qué viví? ¿Hice algo importante? ¿Mi paso por el mundo será recordado por alguien?, o ¿Le sirvió a alguien? ¿y ese alguien, me lo reconoce? ¿Sabe que yo fui importante para él? ¿Tengo que imaginar que alguien me considera importante? Ya no importa tanto buscar un sentido único del universo, solo quiero saber si dejé alguna huella-

El otro viejo sonrió apenas. Se hizo un silencio breve. Juan tomó aire y volvió a la carga.

-El final de todo es así de áspero. Podemos engañarnos con historias sobre la vida que me espera en el paraíso, o el animal donde mi ser se desarrollará en la próxima vida, pero la verdad es que al final, solo hay preguntas sin respuesta. Parecidas a las de la adolescencia, pero sin la posibilidad de soñar con que se pueden responder. Ya no hay tiempo-

-Pero Juan, justo usted, no puede decir estas cosas. Por lo menos en este país, no hay persona que no sepa quién es usted. Aun así, viejo y medio choto, porque la verdad que, si no estuviéramos compartiendo habitación, yo tampoco le hablaría. Me tiene cansado con tanta queja, usted, justo usted, debería estar agradecido por la vida que le tocó, o la que se inventó, que sé yo-

Juan había volteado la cabeza en dirección de su interlocutor y lo miraba con el ceño fruncido.

- ¿De qué me habla? Estamos mirando por esta puta ventana todo el día, no podemos caminar, estamos en este lugar roñoso. ¡Para que mierda crié hijos? si cuando necesito un poco de ayuda, me tiran acá-

-Y que importan los hijos, usted está en los libros de historia, en archivos de programas de televisión, incluso en las redes sociales, aunque usted no sepa ni prender una computadora. La gente lo ama y lo odia, pero sea como sea, usted dejó una huella-

-Si- dijo Juan, como pasando de largo el comentario. No sabía muy bien a que se refería su compañero, no recordaba mucho. Nítidamente se le aparecía ante sus ojos la vida hasta los 40 años, no había mucho más allá, o si lo había, aparecía como espasmos, recordaba estar hablando ante mucha gente, recordaba una multitud gritando su nombre, pero eso podía ser tranquilamente un sueño.

-Mire Juan, usted no se tiene que preocupar por eso, deje esas preguntas para personas como yo, que nos dedicamos a ser un ciudadano lo más común posible, y cuanto más común mejor. A mí me daba vergüenza que me mire toda mi familia cuando me cantaban el feliz cumpleaños, no imagino lo que sentiría usted. Lo envidio, hoy viejo y choto pienso que debería haberme animado a hacer lo que quería, a ser un poquito más libre, a no obedecer tanto. Quizás así hubiera trascendido, no digo, como usted, pero, aunque sea que mi barrio me quiera. ¿Sabe que soy uno de los últimos vivos de mi cuadra? Cuando mi hija me trajo acá, quedábamos Liliana y yo, los últimos de la camada egresada en el 47. Bueno capas queda alguno vivo, pero nosotros nos quedamos en el mismo barrio. Al final, en los últimos años, no había nada que me fuera familiar. La única casa que se veía parecida a la de nuestra infancia era la de Lili. Ni la mía se parecía. Los vecinos me trataban como un pelotudo. Ni siquiera sabían mi nombre, me decían abuelo los muy hijos de puta. Yo había firmado la solicitada a la municipalidad para que esa cuadra puta tuviera luz, y ahora estos tarados, con autos nuevos y casas dúplex chiquitas como pajareras, me querían contar como es la vida-

Hizo una pausa, produjo un chasquido con los labios a modo de queja, cerró los ojos por un momento y levantó las cejas. Después suspiró. Tras el breve silencio, volvió a atacar las palabras.

-Eso es culpa de los boludos de los hijos. Moría uno y vendían la casa, para irse a vivir a un departamento en la ciudad capital. Terrenos con parque, árboles y tranquilidad, por dos cuartos en la avenida más ruidosa. Así el barrio fue cambiando, mi único orgullo, el lugar donde sentía que había dejado algo, ni me lo reconocía. Cambiaba sin darme tiempo para procesarlo y sin reconocer ni siquiera un poquito, que todo eso existía por mí. ¿Ahora que mierda soy don Juan?  Usted será recordado dentro de cincuenta o cien años, alguno leerá lo que usted dijo o criticará lo que usted hizo, pero ¿yo? Ni siquiera a mis hijos les intereso. Usted no se acuerda, pero ayer lo visitaron, y hoy seguro también lo visitaran, pero yo sí que recuerdo, y le aseguro que desde que estoy acá, nadie vino-

- ¿Usted dice que yo hice las cosas bien? ¿Que encontré el sentido de la vida? -

-No Juan, no lo sé. Le digo que usted, sí valió la pena. La mayoría de los que estamos acá no valimos, ni valemos, y jamás valdremos. No somos ni basura, no somos nada-

-Preferiría haber tenido su vida, pero acordarme más-

- Y yo tener la suya, y ahora olvidarme todo-

-Pero de que vale haber logrado todo esto, si no puedo disfrutarlo, si no puedo volver a esos momentos y saborearlos. Usted dice que yo hice cosas importantes, pero yo no lo sé. ¿Y si usted solo me miente para que yo no me angustie? -

-Créame Juan que lo que le digo es verdad. Usted valió la pena y yo no-

- ¿Usted nunca fue feliz? Yo sí, o eso creo-

- Si don Juan, algunos momentos fueron buenos, pero solo para mí. Recuerdo momentos de alegría, pero míos, míos y de mi familia. Bueno, algún amigo, algún compañero del trabajo, algún vecino. Pero solo momentos. Eso desapareció, no dejó huella, no le importa a nadie más que a mí-

-Pero lo recuerda, ¿qué sirve todo lo que usted me dice sobre mí? Lo que recuerdo yo es muy parecido a lo que usted cuenta. Cuando lo cuenta, siento que habla de mi vida-

-No Juan, usted sí que trascendió, usted es importante, usted valió la pena-

-Dígame y sea sincero, ¿nosotros hablamos sobre este tema ya? -

-Todos los días Juan. Cuando nos sacan de la habitación y nos traen acá a la mañana. Nos quedamos mirando ese árbol y usted empieza a decir que su vida no sirve para nada hasta el mediodía que nos llevan a comer. A la tarde yo duermo, usted tiene visitas-

-Entonces tanto que me esforcé porque mi existencia valiera la pena, y ahora que debería disfrutarla, ni siquiera sé que pasó-

-Exacto, y yo que quiero olvidar, no paro de acordarme. Su existencia valió la pena, la de la mayoría no Juan. Siéntase contento con eso, usted es alguien importante. Usted valió la pena-

-Para los demás si, si usted no me está mintiendo. Pero de qué sirve si yo no puedo saberlo, disfrutarlo, gozarlo. En definitiva, estamos los dos en estas sillas de mierda, condenados a que nos arrastren por ahí, en este lugar de mierda, mirando por esta ventana de mierda, ese árbol de mierda-

-Tiene razón Juan, es tan malo recordar cómo olvidar-

Los dos viejos se quedaron en silencio un rato largo, ambos sentían que habían llegado hasta el final, ambos querían que todo termine. Como mirar los créditos al final de una película, todo terminó, pero todavía queda algo, aunque ese algo no le importa a nadie.


domingo, 31 de mayo de 2020

Primer tren a casa


 
Foto de la estación a comienzos del siglo XX. El retoque de color que hizo Marcos (buscar su muy buen trabajo de traducción de Chesterton), trae esta imagen del pasado hasta nuestros días. Permitiéndonos apreciar con mayor detalle, las particularidades de una estación que, aunque cambió bastante, sigue teniendo un toque antiguo, que al pisarla nos permite viajar al pasado.  

viernes, 29 de mayo de 2020

Último tren a casa

(Explicación siempre necesaria: Cuando aparece un hipervínculo, ábralo. De esta forma se reproduce la música mientras usted lee. Puede probar con esta palabra ventana que los llevará a un buen registro documental de como viajábamos en el conurbano, hasta hace apenas unos años. Se recomienda el uso de auriculares y una lectura pausada, acompañando a la música) 



Empuja la puerta con la mano derecha, al mismo tiempo que se desabrocha el abrigo con la izquierda. Mientras cierra con el talón del pie derecho, se termina de sacar el abrigo que tira sobre la mesa, se desenrosca la bufanda mientras se acerca a la ventana y se desploma en el puf.

Toma el celular del bolsillo y pone a sonar Last Train Home-Pat Metheny- Still Life 1987 . Lo deja de fondo, será el tema que acompañe durante el viaje mental.

Toma el libro de la mesa ratona para buscar la página donde dejó ayer. Abre y comienza a leer.

“Le jeune homme se tient à la porte pour regarder par la fenêtre…”

Está cansado, lo agota el trabajo, que no paga lo que debe, y también el estudio, que lo obliga a extender la jornada algunas horas todos los días, básicamente, lo cansa la rutina. Hace un tiempo no encuentra un motivo para la vida que lleva, pero tampoco sabe muy bien cómo puede cambiarla. Estudia porque es una forma de esperanza de que algún día dejará el trabajo que tiene, pero duda todos los días de seguir yendo. Estar en casa más temprano y sentirse más descansado quizás lo ayuda a pensar mejor, pero dejar el estudio es tirar tres años a la basura, es una sensación de retroceso que ahora siente, no puede sobrellevar. Este intermedio, esta indefinición, lo paraliza. Siente que su vida está siendo solo seguir la corriente, y que cuanto más tiempo siga así, más difícil será torcer el rumbo. Todo eso gira por su cabeza casi todas las noches, hoy también. En su vuelta a casa, se dedica a enojarse con el mismo por no haber podido hacer algo diferente en este día. 

Cuando llega a la estación central, encuentra al tren parado, a esa hora en la Ciudad Capital, son pocos los viajantes. Mirando el suelo, un viejo con media cara tapada por la solapa del sobretodo, un par de jóvenes como él, algún vendedor, nadie más. Los vagones sucios, y la peligrosidad latente en el ambiente, hacen de la estación central, un lugar fantasmagórico por estas horas. Desde el único tren apostado en la estación, se pueden ver algunos niños como zombis deambulando, alguna trabajadora que busca su primer cliente, y algún policía que revisa su celular sin prestar atención al entorno. En realidad, no sucede nada peligroso por estas horas, es más una sensación que se siente en el aire.

Pasaron algo más de diez minutos antes de que se escuchara la chicharra de seguridad. Las puertas se cerraron y se abrieron dos veces automáticamente, luego de unos segundos, el tercer cierre de puertas es el definitivo. El joven piensa que ese juego de puertas es un trastorno obsesivo del maquinista, porque no es la primera vez que lo presencia en estas horas. Es la última oportunidad antes que el tren descanse, el que no se suba, deberá esperar unas cinco horas para que el sistema vuelva a ponerse en movimiento.

Aunque hay asientos de sobra, él se para en la puerta para mira por la ventana. Como casi siempre, hay mucha neblina. En cada estación se asoma al andén, a ver si alguien sube, si ve que alguien se apura por llegar, traba la puerta con el pie. Lo hace, porque sabe lo que sucede si no subís a este tren. Alguna vez le pasó de adolescente. De todas maneras, este no es el último tren, todavía falta que pase uno de carga dentro de una media hora aproximadamente. Él lo escuchará, porque vive frente a las vías, a unas pocas cuadras de la ante-última estación del recorrido.

Falta solo una estación para que se baje, pero se adelanta y abre un poco su saco para sacar la tarjeta magnética que le permitirá salir de la estación. La aprieta fuerte en su mano, está distraído, con la mirada perdida, atribulado por las complicaciones de la vida misma. Por un instante, se imagina dejando todo para dedicarse a viajar, tomar un tren, pero de esos que recorren países, y no volver jamás. Piensa, también por un instante que, si América se conectara toda sobre rieles, ya hubiera hecho ese viaje más de una vez. Se pregunta, en una milésima de segundo, sobre su existencia, se imagina a él mismo como un tren avanzando siempre en una única dirección, se siente triste, no lo puede evitar, como si un destino maldito lo hubiera condenado a marchar inexorablemente, por vías y tiempos que otro ya definió.

Cuando se abre la puerta de su vagón, sale con paso lento y dubitativo. Antes de cruzar la salida de la estación, mira para atrás y ve como el tren arranca. Ambos llegan al final del día, el tren se dirige hacia la última parada antes del final del recorrido, y a él le queda un último trayecto. Camina algunas cuadras entre neblina y frío, con las manos en el bolsillo y un andar lento, parece que no quiere llegar a su casa, o que le es indiferente hacerlo.

Su barrio es bastante particular, el hecho de que su calle esté pegada a las vías del tren, es un factor determinante. Es una calle siempre desolada, prácticamente no hay circulación ni de personas ni de vehículos. Aunque el barrio como un desierto es algo a lo que está acostumbrado, la soledad de estas horas lo acoge especialmente. Lo ayuda en estas últimas cuadras, a liberarse del pesado día. Antes de entrar, contempla su casa desde afuera, saca la llave y se arrima a la entrada.

“…Poussez la porte avec votre main droite tout en dézippant le manteau avec votre gauche…”

Cierra el libro, también cierra los ojos, y escucha de fondo la música escaparse de sus oídos, mientras registra otra que se acerca lentamente, la música del tren de carga, del último tren, que pasara por enfrente de su casa en unos minutos.


viernes, 22 de mayo de 2020

Nacho es argentino

¡Nacho es argentino, Nacho es negro! Y permítanme señalarlo con fuerza, ya que no faltará quien crea, que empecé con signos de interrogación

A Nacho le dicen negro los amigos, y también los demás, no es un secreto, pero es mejor señalarlo, porque aquí, Nacho es un oxímoron

La madre le dijo una vez, cuando era un chico: –No Nacho, vos no sos negro, vos sos moreno-. Nacho pensó que eso era mejor que negro

A partir de ese momento, y por varios años, cuando alguno le decía negro, el respondía: –No soy negro, soy moreno-

Una vez, en una clase de literatura, siendo adolescente, encontró en el diccionario que, moreno es una acepción de negro y se define como:

-Alguien que no tiene la blancura que le corresponde-

Ese día volvió resignado a su casa, aunque moreno sonara un poco mejor, él era negro. No era lo suficientemente blanco como para ser argentino

Desde ese momento, es negro cuando va a los boliches con sus amigos, es negro cuando camina por la calle, es negro cuando se acerca un patrullero

Es negro cuando busca trabajo, es negro cuando vuelve de jugar al futbol con ropa deportiva y es negro cuando quiere ir de compras al supermercado

Es negro casi siempre, y digo casi siempre, porque cuando no entra en el boliche, cuando se cruzan de vereda, cuando la policía lo para sin motivo

Cuando lo revotan en una entrevista de trabajo, cuando es un ladrón y no un deportista, o cuando la seguridad lo sigue en el supermercado

Entonces ahí, los demás le dicen, que no exageré, que primero, él no es negro, es moreno y, además, nadie se había fijado en su color

Entonces le dicen que, en realidad, no entra al boliche por sus zapatillas, que se cruzan de vereda por la paranoia que genera la televisión

Que lo detienen las fuerzas de seguridad por su actitud sospechosa, que no le va bien en las entrevistas de trabajo porque esta sobre-calificado

Que todos piensan que es ladrón, porque esos usan ropa deportiva y, que lo sigue el empleado del supermercado, por la inseguridad del barrio

El problema de Nacho es que básicamente no existe. No se puede ser negro en por estos lares. -Por suerte, en Argentina no existen los negros-

Nacho es un ser imposible. Nacho es argentino y negro. Por eso la contradicción lo persigue y es negro con el cariño de sus amigos, pero deja de serlo cuando quiere hablarles de racismo

Entonces todos le dicen que no sea dramático, que eso pasa en Brasil. -Ahí sí hay racismo, acá no pasa nada, sos un exagerado-

-Buscas problemas donde no los hay, tendrías que viajar allá y ver lo que es- Nacho no tiene derecho a quejarse como negro

Sin embargo, todos responden lo mismo cuando Nacho pregunta el color de piel de un gerente, de un empresario, de un obrero, o de un barrendero

Cuando pregunta lo mismo a alguna persona con menos confianza que sus amigos, la respuesta varia de categoría, no siendo “negro”, sino “moreno”

Obvio, no hay que decir “negro”, no vaya a ser que Nacho se avive y responda –¡Ha!, entonces el racismo vive entre nosotros-

-No Nacho, claro que no hay racismo, si en Argentina no hay negros, a lo sumo hay un par de indios y un par de morochos-

Es que Nacho no es siempre negro, Nacho es negro casi siempre. Cuando levanta la voz para quejarse, automáticamente desaparece su color

No es que Nacho viva sufriendo. Nacho, más bien, es una persona alegre. Pocas veces se queja y trata de llevar su vida lo mejor posible, como todos

Nacho es negro y argentino, es un ser imposible, y al igual que él, la mayoría de los argentinos son personas que no pueden serlo.

 


lunes, 18 de mayo de 2020

América del Sur

Se levanta de la cama, son las 6 de la mañana en Buenos Aires, el conurbano se levanta para trabajar, también pone el primer pie en el suelo una mujer en Maldonado, un poco más temprano y un poco más tarde y casi al mismo tiempo, Valparaíso se despierta. Potosí se dispone a trabajar, en Concepción un chico se levanta a desayunar, en un rato se marcha para la escuela, como también lo harán cientos de niños en Ayacucho o en Belem o en Medellín o en Caracas, todo América del Sur toma la decisión de levantarse, de ver el sol subir con paso lento y decidido, todos comienzan una vez más. El continente se despierta, es ahora América del Sur el encargado de velar la noche de Asia, es América del Sur la que decide mover el mundo por un rato, hasta que a ella le toque otra vez, la hora de la luna.
Se sube una mujer al tren en Plaza Constitución, comparte el tren con alguien que va a recibir una gran noticia en el día de hoy, el mismo tren que alberga a una persona que va a morir antes que anochezca, en el mismo vagón donde un obrero se va enterar en el transcurso del día, que va a ser padre.

Baja del Transmilenio un joven que va a perder su trabajo al mediodía, se cruza en la calle con un ingeniero que va a conseguir uno por la tarde.

Siente la brisa del océano un abuelo en las costas de Mancora, y cuando respira recibe paz, siente la brisa del océano un niño en Jericoacoara y cuando el aire pasa por su nariz, siente que la vida es demasiado dura.
Un adolescente que no hizo la tarea, es llamado al frente, y en esos segundos eternos a la pizarra, piensa que será humillado, mientras camina al frente y la mente se le pone en blanco, una madre despide a su hijo en el aeropuerto El Dorado. El chico se va a estudiar a La Plata, probablemente viva lejos entre diez o quince años, seguramente lo vea en las vacaciones, pero hoy nada de eso la consuela, mientras entran al edificio todavía guarda muy adentro la esperanza de que su ex pequeño se arrepienta. El joven se da vuelta para abrazarla por última vez antes de partir, el mundo comienza a girar más lento que de costumbre, y como en cámara lenta, la madre comienza a ver la rotación de la espalda y un frío recorre su columna vertebral, la esperanza comienza a despedirse también, los segundos se lentifican para dos amigos que escuchan al D.T. de la séptima del Flamengo que uno a uno nombra a quienes van a ser fichados, luego del partido de prueba que acaban de tener.

Viajaron mucho para poder presentarse, y corrieron sus veinte minutos de juego como si toda la vida se definiera allí, tienen esperanza de ser los privilegiados. Mientras se concentran en la boca del calvo que los escoge, sienten que las palabras salen como gordas y graves, inentendibles, en cámara lenta. Branko se logra escuchar en la confusión, y ahora uno de los amigos siente que se encuentra más cerca, solo lo distancia un apellido de ser el elegido. La espera se hace eterna para el padre que sufre los segundos para saber si finalmente puede ver a su mujer y fundamentalmente, si puede ver a su hijo, el primero, el que tanto deseo, y el reloj en el Hospital Regional Comodoro Rivadavia no lo ayuda, porque aunque ya se dio cuenta que no funciona, no puede dejar de mirarlo a cada rato, será por qué el siente que realmente las horas no corren desde hace rato, será por qué se da cuenta que en América del Sur los segundos están siendo cada vez más lentos, porque un adolescente está caminando hacia delante del aula, para jugarse en una batalla dialogal, que ni siquiera los raperos de Maracay que están fumando marihuana sentados en un cordón de esquina imaginan, aunque sospechan que el tiempo se desacelero, como si en el fondo supieran que una madre ahora ve la mitad de la cara de su hijo, que sigue girando y mientras mas puede ver su rostro, más siente el corazón que apreta contra el pecho. 

También le apreta el corazón a la mujer que subió al tren, tres años de pareja que se deshicieron en un segundo, el mismo en el que encontraba una conversación que nunca debió haber leído de su novio con aquella de la cual, en secreto sospechaba. Mira por la ventana, pasa por Remedios de Escalada, la soledad de la estación la abraza al mismo tiempo que un ingeniero está frente a su futuro empleador respondiendo a la insólita y repetida pregunta. ¿Por qué debería contratarlo? Suda y se siente excitado, no porque tenga miedo, sino porque se sabe ganador, también se siente excitado y suda un ladrón en Cochabamba, pero si tiene miedo, ya no tiene balas, lo encerraron dos policías que no dejan de disparar, siente que el juicio justo que le aplicaran, será el de la ley del Talión. Los segundos corren lento mientras observa los pies de los agentes por debajo del auto, que le sirviera de guarida en la balacera, en ese momento recuerda a su madre y le pide perdón, aunque eso ya no sirva, siente que debe irse en paz. El ambiente se pone denso, el apellido de Branko también empieza con "P", así que ahora se encuentra a tan solo algunas letras de ser oficialmente un jugador de inferiores del equipo que siempre amo, empieza a sentirse como el ingeniero que ahora se acomoda en la silla unos centímetros más adelante y abre la boca, los ojos la acompañan, levantando levemente las cejas en la acción.
Toda América del Sur se define en los próximos segundos, y sabe a su vez, que cuando eso suceda, deberá volver a definirse. Para Asia ahora es más sencillo, solo se dedica a soñar el universo, mientras un padre en el sur del sur del mundo se da vuelta en una sala de espera, para mirar a su mejor amigo, parece que se conocieran de otra vida, el amigo, sabe lo que significa esa mirada, sin palabra que medie, se levanta y se acerca, no puede mas que pararse junto a él frente a la puerta del quirófano, cruzar el brazo por la espalda y apretarlo contra su costado izquierdo desde el hombro, no hay nada que decir, son los segundos definitorios.

Ahora es turno de que nazca un bebe, de que surja nuevamente la vida, que el sufrimiento se transforme en amor, tiene que nacer un niño que mañana debe enfrentar en Asunción a su maestra, romperle el corazón a una mujer en la Ciudad de Buenos Aires, enfrentar el desempleo en Bogota, sentir la brisa de la Costa en La Coronilla, morir acribillado sin piedad en Cochabamba, o despertar despierto del sueño del mundo para conectarnos como humanos con nuestros más profundo sueños. Hoy nace un niño, nace un niña, nace una anciana, nace la tierra, parece que el agua no divide, solo es un reflejo para poder ver lo grandioso de este universo, ese que ahora sueña Asia, mientras América del Sur se despierta para ver el espectáculo de los segundos que corren en reversa y nos dan tiempo para sentir en el instante previo a que todo comience a suceder, en esta tierra que no para de despertarse, y volverse a dormir.



 


domingo, 17 de mayo de 2020

El sastrecillo valiente

 Argentina jugó un mundial único. Siete partidos contra Brasil.

En el grupo, fueron tres partidos, en el primero:

¡Messi, Messi!

Con una genialidad el maestro nos hace viajar al segundo partido, también contra Brasil. Otra vez y ahora agónico.

Se juegan, no hay vuelta a atrás,

se juegan siete partidos contra Brasil.

Colman sus estadios, cumplen con sus cabalas, gritan, amenazan, abuchean, y siempre terminan en silencio. Argentina, les dice en el quinto partido, que va a jugar siete partidos contra Brasil.

Late la final y sucede algo fascinante, una goleada por cientos de años. Pero Brasil no se avergüenza de seguir jugando contra Argentina, y dicen presente en el sexto partido, a pesar de haber vivido la máxima humillación futbolística de su historia.

Se grita se llora, se abraza, se ama, a distancia y cerquita. Las voces de miles de argentinos inundan el estadio, se canta, porque Argentina va a jugar en el Maracaná su último partido contra Brasil.
Vuelven héroes, vuelven guerreros, vuelven luchadores, vuelve un pueblo que soportó siete partidos contra Brasil, cantando con alegría, llevando esas notas roncas a millones en todo el mundo que miraban estupefactos y envidiaban el ingenio, la sagacidad, la valentía de un pueblo que jugó siete partidos contra Brasil. 

Este tiempo va a ser recordado por infinidad de circunstancias, porque fue en Sud América, por Messi, por Di Stéfano, pero fundamentalmente por el siete, no por el 7 a 1, sino por el más fantástico de todos los sietes. 

Siete partidos ganados contra Brasil.

Pedro (parte 5)

 

Pedro tenía 45 años cuando entró a la casa de un hermano y vio a su cuñada con sangre en la cabeza, tirada en el living. A él no lo volvió a ver, podría haber ido al juicio, o a visitarlo en la cárcel algún día, pero no quiso hacerlo, prefirió desde ese momento hacer de cuenta que tenía un hermano menos, esa actitud le resolvió muchos problemas, pero le trajo otros, murió sintiendo que le faltaba una charla con él, luego su viuda le contaría a una nieta que, el cáncer que tuvo se lo debía a las cosas que se guardaba y no decía.

Durante estos años una organización que nucleaba a todos los Estados de la época, decía que el 98 % de los casos de femicidios quedaban impune, también decía que, de los 25 países del mundo con las tasas más altas de estos crímenes, 14 estaban en el continente de Pedro. Por estos años los investigadores de esta organización de Estados decían que, cada año que pasaba más de 65000 mujeres morían por ser mujeres.

A los 50 años Pedro sufrió una grave crisis personal, en esta época hasta se le cruzó por la cabeza terminar su vida, nunca se animó a decirle esto a nadie, pero lo pensó por un tiempo, por estos años se suicidaba en el mundo una persona cada 40 segundos, eso decían los que llamaban expertos. Una noche de viernes, después del partido de todas las semanas con sus amigos, le dijeron que tenía la crisis de los 40 diez años después –Ahora que todos la pasamos se te ocurre deprimirte a vos pelotudo- le dirían entre rizas, Pedro también se rió, pero después se quedó pensando en esto. Se le ocurrió que se podía deber a que a sus 40 años le tocó vivir una buena época económica., tenía un buen trabajo y hasta se pudo comprar un auto y viajar un poco, ya no como lo hacía de joven, sino en hoteles, caminando poco, pero viajando, en fin. Ahora en cambio, sentía que debía trabajar todavía 15 años más por lo menos, y ya no quería hacerlo, no podía levantarse de la cama, no veía motivo para hacerlo, su mujer le parecía horrible, sus hijos le parecían tontos, y este sentimiento lo llenaba de culpa, no le expresaba, pero lo sentía.

Una vez vio una encuesta por la red global que decía que las personas pasaban en promedio 10 años de su vida trabajando, 10 años completos, minuto a minuto, segundo a segundo, después pensó que en la estadística no se tomaba en cuenta el tiempo extra laboral que también le dedicamos a eso, por ejemplo, viajar al trabajo, vestirse en casa para salir a trabajar, o bañarse para vestirse para salir a trabajar, o afeitarse antes de bañarse para vestirse y salir a trabajar. Aun así, le pareció demasiado, 10 años trabajando y solo 1 riendo. La encuesta decía que las personas usaban 3 años en viajes en transporte público, de hecho, sobre la cantidad de tiempo que usaban las personas para reír, había cosas como llorar, ir al baño, o ver televisión, que ocupaba 6 años. Ver estos números le hacía pensar que su situación era compartida por todos, entonces ya no se decía y repetía –soy un inútil- sino que decía – la vida es una mierda- y aunque era casi lo mismo, era una depresión social y no una solitaria.

Pedro estaba en un momento de la vida donde nada lo llenaba, los hijos ya eran grandes como para depender de él, uno ya se había ido de la casa y el otro estaba, pero parecía que no estaba, y aunque eran grandes para depender, eran chicos para regalarle un nieto, así que ya no se sentía padre, pero todavía no era abuelo, ya no se sentía productivo en el trabajo, pero tampoco había llegado a jefe. A veces miraba al jefe y pensaba que era un inútil, que, si él fuera el jefe, la empresa iría mejor. Además, lo único que lo diferenciaba de los empleados jóvenes eran 2000 pesos de sueldo, eso lo hacía sentir una porquería.

En estos años una organización mundial que defendía abiertamente a los dueños de la producción decía que, por año en el mundo morían 2,3 millones de personas en el trabajo o por enfermedades producidas por el trabajo y agregaba que casi 100 mil personas sufrían accidentes laborales. Pedro leyó un domingo este dato mientras revisaba el diario como si le importara de verdad que pasaba y pensó que si esto decía la organización que defendía a los empresarios, la cifra real debería ser considerablemente mayor. Por estos años 21 millones de personas eran víctimas del trabajo forzado, de ellos 11,4 millones eran mujeres y niñas, el resto hombres y niños. Casi la totalidad de estas personas eran explotadas por empresas, de los 21 millones, 2 millones correspondían a Estados o grupos rebeldes. El trabajo forzado producía ganancias por 150 mil millones de dólares anuales, nadie se quejaba por estos años de la muerte, siempre y cuando estuviera lejos.  

Pedro nunca se animó a reaccionar, si hubiera muerto en ese momento, y lo hubieran resucitado unos 1000 años después, hubiera dicho que fue un tonto y que debió haber molido a golpes a su jefe, o por lo menos tendría que haberlo insultado, pero en ese momento la vida se le iba en esto y no pudo con la costumbre que para esa época ya lo había dominado por completo. No es que su matrimonio fuera muy mal, tenía amigos que les iba peor, el suyo era un matrimonio promedio, no había muchas discusiones, tampoco había mucho amor, solo lo necesario.

Una noche de sábado, Pedro y su esposa salieron, no sabían muy bien a donde iban, seguro que pasarían por el cine, pero el resto era improvisación. Luego de tanto tiempo juntos, hasta salir era rutinario, así que cuando lo hacían, procuraban dejar algo, aunque sea mínimo al destino, el destino, sin embargo, no les devolvía mucho. Una vez cambiaron de recorrido y vieron a una señora tropezarse, se rieron tanto de la señora que pensaron que había valido la pena salir y le agradecieron al destino por el regalo, pero después pasaron por allí varias veces y no volvió a pasar nada que fuera destacable, excepto la vez donde les robaron, ahí definieron volver al camino tradicional.

Aunque los fines de semana, intentaban caminar, como cuando se conocieron, esta noche de sábado estaba bastante fría, así que se fueron en auto. Luego de 5 cuadras en silencio la esposa de Pedro decidió prender la radio, gritaba una mujer, -Esto es un atropello, el pueblo se levantará contra tal injusticia-, la esposa de Pedro cambio el dial, busco un poco de música. Esa mujer que hablaba era una dirigente indígena que, junto con cientos de personas, habían sido desalojadas de sus tierras. Por estos años 600 mil personas en Hund habían sido desplazadas o se encontraban en peligro de serlo por emprendimientos mineros. Las empresas mineras se llevaba anualmente un promedio de 230 millones de dólares, al Estado a penas le dejaban un poco menos del 3% de las ganancias, un suelo inutilizable por 50 años, napas contaminadas con cianuro y pueblos enteros desplazados, nadie entendía cuál era el negocio, pero así funcionaba por estos años.

Pedro tenía 60 años cuando una molestia estomacal lo llevó al médico y supo que tenía cáncer. Por estos años la principal muerte a nivel mundial era esta enfermedad, el 70% de los casos eran en los continentes más pobres, los expertos por esos años decían que esperaban que esta cifra aumente considerablemente año tras año. En el año que murió Pedro también lo hicieron por causa de esta enfermedad 84 millones de personas en todo el mundo. Pedro apenas fue un número más, sus hijos lo lloraron y también lo hizo su esposa, dos de sus hermanos fueron al funeral y se entristecieron durante algunas semanas. Pasados los años, Pedro no sería recordado por nada especial, ni por nadie en particular, sus hijos rememoraron a su padre apenas 10 veces desde que este falleció hasta que ellos lo hicieron. Pedro no vivió nunca más, ni en un recuerdo ni en una foto vieja, no quedo registro de él, y aunque nadie lo sospeche, aunque no exista forma de probarlo, todo comenzó en estos años, donde se diría luego, que nada importante sucedió. 

Dos años después de la muerte de Pedro nació Enrique Pazos quien fuera uno de los dirigentes obreros más reivindicados por su clase. Tres años después nace en el seno de una familia acomodada en Hueicanú, Gonzalo Pérez, uno de los intelectuales más grandes del Neosocialismo. Cinco años y dos meses luego de la muerte de Pedro, Margarita Bol comienza a cursar la escuela primaria, ella sería más tarde, la primera dirigente del Partido por el Socialismo, primer gobierno socialista en Hund. Cien años después de que Pedro dejara este mundo, la revolución Anarco Libertaria estallaría en el continente contiguo al de Pedro, propagándose como plaga hacía todos los rincones del planeta.

Pedro vivió en una época donde no pasó nada, sus sesenta y dos años transcurrieron en una época del mundo donde este fue sumamente monótono.    

 


sábado, 16 de mayo de 2020

Pedro (parte 4)

Durante sus años de juventud Pedro viajo bastante, trabajaba y viajaba, no le preocupaban muchas cosas, y no retenía tanta información que circulaba. Por estos años más de 20 países tenían conflictos armados en sus territorios, la gran mayoría era por recursos naturales, y la gran mayoría de las guerras las hacían las mismas naciones. Muchos años después llamarían a estos años, Baja Edad Moderna, Edad Oscura, y Edad Infame, pero ahora, nadie llamaba así a estos años. Si Pedro hubiera muerto en su juventud, y lo hubieran resucitado unos 1000 años después, él hubiera estado de acuerdo en llamar a esos años infames, hubiera dicho que en este tiempo no pasaban demasiadas cosas.

Por estos años donde vivía Pedro, había canales de televisión que transmitían constantemente noticias, pero siempre hablaban de lo mismo, eran canales de títulos de noticias 24 horas.  Lo realmente importante nunca se decía en la televisión, o se decía de manera tan fragmentada que era imposible entender que sucedía. En esta época donde nada relevante pasó, el 25 % de las victimas totales de homicidios en el mundo eran menores de 20 años residentes en el Continente de Pedro, es decir, que 25 mil víctimas de homicidios en el Continente de Pedro tenían entre 9 y 20 años. Las causas de los homicidios eran variadas, robos, secuestros, ajustes de cuentas entre policías y narcotraficantes, trata de personas, toma de pueblos por para-militares, y siguen las causas

Las migraciones dentro del continente se volvieron más comunes, definitivamente había cambiado desde el nacimiento de su padre o el de su abuela, ahora los movimientos de personas empezaban a acompañar un mundo dirigido por una sola economía. Las personas viajaban y comenzaban a acompañar el movimiento de los capitales, pero no lo hacían en busca de maximizar la tasa de ganancia, lo hacían para sobrevivir, o para poder lograr algo de lo que en sus países de origen jamás podrían ni soñar. En esta época donde nada de lo que ocurrió vale la pena contar, las personas eran por el lugar donde habían nacido, pero el lugar no era solo el barrio, o el departamento, o el Estado, la provincia, o el país, era también la región. Y si tu lugar era el continente más poderoso, pero paradójicamente el más pequeño del planeta entonces, en esta época donde nada vale recordar, eras más valioso.

Cuando Pedro tenía 30 años, la globalización permitía un mismo discurso para dos formas del capitalismo, en el continente más rico del planeta las corporaciones mediáticas le echaban la culpa de la crisis económica a la corrupción, en el continente de Pedro las corporaciones decían lo mismo, pero los modelos económicos eran muy distintos. En el país más rico la desocupación era de 5%, el país con más desocupación tenía una tasa del 26%. En estos años se percibía algo en el ambiente, en las calles daba un nuevo fresco, pero todavía nadie lo podía expresar.

Pedro decía mucho en esa época –Hay que dejar fluir-  Y aunque nadie nunca va a decir que es así, en estos años empezó a cambiar todo, aunque nadie lo sabía en ese momento, y nadie lo cuestionó después. Una vez Pedro dijo que le parecía que era tonto dividirse por banderas, que solo servía para el fútbol, después en cada escuela de cada región de cada país del mundo tendrían que izar la nada -Cada mástil sin bandera- dijo. La conversación siguió su curso, pero esa pequeña frase quedaría resonando en la cabeza de un amigo de Pedro que, dos años después se la diría a un amigo músico, como si fuera una ocurrencia propia, y sería, 6 años después que la dijo Pedro, el título de una canción. Aunque el tema no tendría mayor trascendencia, una mujer que lo escucharía en un disco perteneciente a su ex pareja, escribiría un poema, que sería galardonado en un concurso regional y leído por una nena que, 15 años después, a sus 30 años, es decir 35 años después que Pedro la dijera, la usaría para escribir el prólogo de “Sociedad Internacional”, considerado hoy un hito para el mundo académico. Hay que aclarar que cuando Pedro la dijo, sospechaba que la había escuchado en algún lado, en este caso, no podemos determinar si Pedro pertenece a una cadena de sucesos o es el primero de la misma.


jueves, 14 de mayo de 2020

Pedro (parte 3)

A diferencia de lo que Pedro suponía, confesarle su amor a Victoria había sido mejor que guardar el secreto, la recompensa a su valentía fue el abrupto fin de la adolescencia. Por primera vez desde que tenía memoria no tenía intenciones de seguir buceando en sí mismo, podía concentrarse en el mundo admirando la hermosura de la simpleza con una capacidad que no creía poseer. Luego de expresar su amor, comenzarían una serie de esquinas en invierno, una plaza, el primer beso, la primera noche juntos. Pedro era feliz. Estos años serían recordados por Pedro para siempre como los años más hermosos de su vida, no porque no haya vivido años hermosos después, sino porque estos fueron los más puros y, sobre todo, porque fueron los primeros años donde realmente se sintió vivo.

En aquellos años era muy difícil la vida domestica, casi tanto como la otra. Los divorcios eran moneda corriente y los matrimonios apenas duraban cinco años promedio. El embarazo adolescente no deseado, tenía tazas abrumadoras, 15 % de los embarazos anuales eran de adolescentes, el 69% de ellas no había deseado estarlo. El 49% de las embarazadas vivían en viviendas precarias, y solo el 27% tenía cobertura de salud. Las denuncias por violencia domésticos eran, por año, solo en la capital de Hund y sus alrededores más de diez mil.

Nadie era ajeno a esta realidad, la familia de Pedro tampoco. Las discusiones y peleas en la casa de Pedro durante su infancia y adolescencia, se transformaron de violentas, en frías y calculas peleas para humillar al otro. Sus padres año tras año se volvieron más infelices, perdían cada vez más amistades y hablaban cada vez menos entre ellos. Lejos la religión de haberlos nutrido de una pasión enérgica por la vida, los obligó a atarse a una tradición que sentían ajena y que jamás en la vida apropiarían. Les congelo el corazón, evitándoles sufrimientos, pero también felicidad. Los hermanos de Pedro eran muy diferentes, pero todos compartían el pesimismo digno de sus padres. Pedro era el más alegre, pero su humor también era pesimista. Concluía las conversaciones complejas con un:

- Tan solo pasamos por la vida-

-Somos un pestañear en la historia-  

-Basta la salud-

En la época de Pedro 232 millones de personas eran inmigrantes, la globalización había sido un arma de doble filo, la tecnología y la comunicación mundial era prodigiosa pero también lo era la pobreza y la marginación de millones de personas, que viajaban para salvar sus vidas. La mayoría de los inmigrantes eran del continente más alejado al de Pedro, pero el continente de Pedro estaba en según lugar de inmigración, la mayoría de los 26 millones de inmigrantes del continente de Pedro, se instalaban en el país del norte del mismo continente, o por inercia, o atraídos por las luces, este fenómeno fue también parte de la vida de Pedro.

Pasaron solo dos años para que su primera relación de noviazgo se haga humo. Victoria años más tarde sería madre de Romina que viajaría al país del norte y tendría a Victor, Jael y Amaranta, los dos últimos viajarían al continente más rico del mundo por aquellos años y Amaranta tendría luego a Gerhard, Elisabeth, Ivaylo y Stefan. Este último viajaría al continente contiguo al de Pedro y 100 años después de su muerte protagonizaría uno de los hechos más destacados de la historia contemporánea. Todo esto sucedería después y gracias a que Pedro y Victoria solo duraron juntos 2 años, dos años que Pedro recordaría con mucho amor y Victoria no tanto.


miércoles, 13 de mayo de 2020

Pedro (parte 2)

En una mañana fría promediando la mitad del año, en un barrio especialmente tranquilo, en un instituto religioso, en un aula semi vacía, sin uno de sus cuatro vidrios en la ventana, abrigados hasta el cuello, cursaban veinte guardapolvos amarillentos la materia Historia, en el último año del secundario. En el fondo del salón, en un pupitre individual, con sus brazos cruzados sobre el banco y el mentón sobre estos, con la mirada fija en una compañera y pensando en mil historias donde él siempre la besaba al final, estaba Pedro. La chica era la que tenía el guardapolvo más impecable del curso, atado a la cintura con una prolija tira de tela, igualmente prolija. Estaba sentada en el medio del salón con su mejor amiga y charlaban sin cesar de las cuestiones más variadas, pero jamás de lo visto en la clase. Su nombre era Victoria y aunque no lo sabía, había enamorado profundamente a Pedro. Hacía mucho que él sentía esto, pero no sabía como expresarlo, además nunca encontraba el momento para decírselo.

Victoria no ignoraba la existencia de Pedro, él sin darse cuenta cómo, había logrado llamar su atención, ella lo consideraba un amigo y le contaba sus amores de fin de semana, con lo cual, la situación era angustiante para Pedro, quien deseaba no haber llamado jamás su atención. El dolor que le producían las historias que Victoria le contaba, era realmente un martirio.

No podía sacar la vista de aquella compañera, la miraba y disfrutaba de su hermosura, pero al momento, dejaba de soñar sus mil historias y se sentía tan lejos de ella que rápidamente empezaba a soñar de nuevo, así iba y volvía de su realidad a la del resto del mundo, alternando, pero sin dejar de mirarla nunca.

Por estos años, 2 mil millones de personas en el mundo decían ser cristianas y más de la mitad eran católicos. Muchísimos Estados, inclusive donde vivía Pedro, se declaraban cristianos, aunque sus habitantes no lo fueran. Así entregaban por año alrededor de 1 millón y medio de dólares en diversas cosas, por ejemplo 600 dólares por mes de sueldo a los 66 obispos en actividad y una jubilación de privilegio a los retirados, que sumaban más de 30 obispos eméritos. Esto le costaba a Hund aproximadamente 470 mil dólares por año. Las iglesias que se encontraban en zonas que se declaraban desfavorables, recibían del Estado de Hund 150 mil dólares anuales. Las diócesis e instituciones de vida consagradas recibían por año 511 mil dólares y las jubilaciones sin aportes previos le costaban al Estado 5580 dólares por año. Además, las parroquias no pagaban impuestos inmobiliarios, ni tazas municipales, ni agua corriente. Las escuelas católicas, como la de Pedro, recibían subvenciones. Más de mil millones de dólares anuales en las 24 jurisdicciones, lo que utilizaban para sueldos del personal que empleaban, quedando libre, como ganancia neta, el 70% aproximadamente de lo que las escuelas percibían como cuotas de los estudiantes, cerca de 80 millones de dólares.

Pero, en ese instituto donde estaba Pedro, en esa aula, ese día, nadie se preguntaba sobre estas cosas. Así había transcurrido una hora y media de clase, en quince minutos más sonaría el timbre que anunciaba el recreo de diez minutos. Pedro estaba imaginando que le daba una carta a Victoria donde le confesaba sus sentimientos, ella lo miraba sorprendida pero no decía nada, así transcurría todo el día con normalidad, y al día siguiente cuando Pedro entraba a clase, tarde, como siempre, todo el curso se reía de él y lo señalaba, incluyendo a Victoria que estaba sentada encima de las piernas de un compañero y mientras se reía, este le tocaba la pierna subiendo su mano hasta tocarla en su intimidad. Esta era una más de las pesadillas en ojos abiertos que construía Pedro en su cabeza, así se convencía que tener miedo a decir lo que sentía, estaba bien. Pero esta mañana, la fantasía fue interrumpida por un golpe, la profesora con el puño cerrado hacía sonar la madera vieja de su escritorio

- ¿Entienden? -decía- tan bobo como eso, un golpe, si golpeara todo el tiempo el banco sería más dañino para la madera, sin embargo, ustedes no se sobresaltarían porque se acostumbrarían al ruido, pero con un solo golpe fuerte y seco, los impresiono. Esto sucedió, y no solo en Hund, sino en todo el continente, ahora ustedes piensan que es normal, pero si se animaran a golpear, esto volvería a cambiar-

Un compañero levantó el brazo y sin que le dieran la palabra dijo, en tono de debate, que la única manera de cambiar algo en un país tan individualista como Hund era con una vanguardia. Algunos se rieron y otro lo interrumpió diciendo que la política era negociación, y no había otra manera, la profesora que había avivado el fuego del debate, ahora sentenció que todos eran muy chicos, que con el tiempo entenderían que todo cambia para no cambiar

- El mundo tiene 4 millones de años, el universo quizás tenga 15 mil millones de años, las cosas han cambiado mucho en todos estos años, nadie pensaría que no es así, puede seguir cambiando, pero al final, todo vuelve a empezar-

Parecía cierto, o por lo menos una buena manera de dejar el debate inconcluso. Por estos años en Hund no sucedía nada, se diría en los libros de historia que se escribirían 200 años después de aquella mañana, tampoco sucedían debates de más de 10 minutos, y nadie se atrevía a cuestionarlo.

Estos días fueron de mucha euforia para Pedro, algo de lo que dijo su profesora le llegó, le parecía que era hora de decir lo que sentía, y dejar de fantasear en su cabeza con el amor de Victoria, aunque le gustaba fantasear y consideraba que bucear tanto en su soledad era más entretenido que lo que sucedía más allá de su nariz. Hund por esos años tenía una particularidad, nadie se quería relacionar demasiado con nadie y Pedro no era la excepción. Durante los siguientes días la bicicleta fue su fiel compañera, visitar las cuadras aledañas a su escuela se volvió su deporte favorito de la tarde, no dejó pasar la oportunidad para visitar en su rodado, las cuadras cercanas a la casa de Victoria. Aunque siempre evitaba la vereda de la casa, solo se animaba a mirar desde la esquina y seguir andando rápido, no quería que algún encuentro imprevisto le estropeara sus historias imaginarias, que construía mientras andaba dando vueltas por ahí en su bicicleta.

Entre las particularidades y excentricidades de la adolescencia de Pedro, cabe destacar su capacidad para enamorarse en otoño, no entendía porque todos se enamoraban en primavera, para él, no existía época más hermosa que la que hacía desnudar a los árboles y amarrillentaba la vista, como si añejara la vida durante unos meses. Las primeras chocolatadas calientes, las primeras noches durmiendo con frazadas, los primeros guisos, las primeras sopas y los primeros capítulos de las novelas que vería durante todo el año, así eran sus otoños en aquellos tiempos. Pero ese año se puede resumir en una tarde de domingo, la calle vacía, a lo lejos una chacarera continua, mientras andaba en bicicleta pensando en su amor, Victoria.